El Índice Compuesto Coincidente de Actividad Económica, elaborado por las Bolsas de Comercio de Rosario y Santa Fe, registró un leve avance mensual del 0,2% en abril. A pesar de la recuperación en la construcción y la industria manufacturera, la persistente parálisis del consumo masivo y la destrucción de puestos laborales privados imponen un techo al dinamismo general.
La tímida reactivación que experimenta el aparato productivo nacional responde a un proceso de normalización heterogéneo que los analistas denominan dinámica de «serrucho» o evolución oscilante. Según el indicador ICA-ARG de las Bolsas de Comercio del Litoral, la actividad económica creció apenas un 0,2% mensual en abril, aunque todavía arrastra una contracción del 0,4% en términos interanuales. La causa inmediata que amortiguó un despegue más agresivo en el cuarto mes del año fue de origen climático: las persistentes lluvias retrasaron las labores de la cosecha gruesa en la región pampeana, provocando una caída mensual del 3% en el avance agrícola, un bache transitorio que los economistas prevén revertir por completo durante el mes de mayo debido a los excelentes rindes globales de la campaña.
Los motivos detrás de este repunte marginal se concentran en el comportamiento contracíclico de sectores que operaban desde pisos históricamente deprimidos. La construcción apuntaló una suba del 2,2% mensual y un notable 7,7% interanual, saliendo de un largo estancamiento, mientras que la producción industrial manufacturera anotó un avance del 0,6%, hilvanando cinco meses consecutivos de mejoras mensuales. Sin embargo, la contracara crítica de esta reactivación es que no logra derramarse hacia la economía real ni generar alivio en las familias: el patentamiento de vehículos nuevos cayó un 2,4% y las ventas minoristas —pese a un leve ajuste positivo— siguen hundidas un 9,3% interanual, operando por debajo de los mínimos históricos debido al severo congelamiento de los ingresos.
El principal factor de preocupación para el mediano plazo radica en la preocupante disociación entre los índices macroeconómicos y las variables sociales básicas. El informe advierte que, a pesar de que el Índice Compuesto Líder (ILA-ARG) acumula seis meses de incrementos, esta tendencia aún no se traduce en la generación de empleo registrado, registrando la pérdida de aproximadamente 105.000 asalariados privados en el último año. Con una recaudación nacional estancada y estimaciones privadas que anticipan una fuerte caída real del 7,8% en el IVA durante mayo, la economía argentina consolida un escenario de «crecimiento flaco» y fragmentado, donde los sectores de punta como la energía o la minería traccionan las planillas estadísticas pero conviven con un consumo interno que permanece estructuralmente deprimido.
