12 octubre, 2026
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La destrucción de más de treinta mil empleos formales en el servicio doméstico constituye un síntoma estructural del reajuste macroeconómico actual. Diversos analistas de la coyuntura señalan que la contracción del ingreso disponible en los hogares de clase media forzó una reducción masiva de contratos registrados, profundizando la vulnerabilidad en un segmento predominantemente femenino donde la informalidad supera históricamente a cualquier otra rama del aparato productivo nacional.

Antecedentes de una crisis que erosiona el salario real

El deterioro del sector no representa un fenómeno aislado, sino la aceleración de una tendencia histórica agravada por el descalce inflacionario. Múltiples estudios del mercado laboral ratifican que los incrementos paritarios nominales quedaron rezagados en más de treinta puntos frente a la evolución del índice de precios al consumidor, generando un desplome del poder adquisitivo superior al registrado en administraciones pasadas. Esta dinámica consolidó una pérdida salarial del tercio real, equiparable al ajuste experimentado por los trabajadores del sector público, pese a la continuidad de beneficios fiscales destinados a la deducción del tributo a las ganancias para empleadores.

Impacto en la economía familiar y fragmentación de derechos

El efecto dominó de este repliegue recae directamente sobre la sustentabilidad de los hogares más vulnerables de la provincia y el país. Diversos observadores del ecosistema social advierten que casi el cuarenta por ciento de estas trabajadoras reviste la condición de sostén único de familia, por lo que la quita de horas o la informalidad destruyen el presupuesto básico del hogar. Asimismo, la suspensión de la cobertura médica formal, licencias por enfermedad, vacaciones pagadas y el pago del sueldo anual complementario profundizan una precarización que se combina con una sobrecarga no remunerada en las tareas de cuidado propias.

Las consecuencias a mediano plazo anticipan un estancamiento en los niveles de movilidad social y una mayor presión sobre la asistencia estatal. Múltiples especialistas del ámbito socioeconómico concluyen que la falta de incentivos efectivos para la registración perpetuará un esquema de alta fragilidad que afecta la calidad de vida de miles de familias santafesinas.

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