Lo que comenzó como un reclamo salarial y de condiciones laborales en Sauce Viejo ha mutado en un enfrentamiento de alta intensidad que promete paralizar la ciudad durante la próxima semana. Tras una asamblea el viernes, el sindicato Asoem ratificó un paro de 96 horas que comenzará el martes 12 de mayo. Sin embargo, la noticia no es solo la interrupción de los servicios, sino el traslado de la pelea a los tribunales penales, donde las acusaciones cruzadas de «privación de la libertad» y «bloqueos ilegales» han quebrado cualquier puente de diálogo entre el gremio y el intendente Mario Papaleo.
Los dos frentes de una disputa sin retorno
El conflicto se divide hoy en dos realidades paralelas que se retroalimentan: la tensión en la calle y la batalla en los tribunales.
- La ofensiva gremial: Asoem justifica la medida de fuerza de cuatro días denunciando una «falta total de diálogo» y actitudes autoritarias por parte del Ejecutivo. El gremio ha decidido presentarse como querellante en una causa penal por los hechos del 30 de abril, denunciando que trabajadores municipales fueron privados de su libertad durante tres horas dentro del edificio municipal. Esta jugada judicial busca exponer al intendente y sus funcionarios ante una posible figura delictiva grave.
- La postura del Ejecutivo: Mario Papaleo sostiene una versión diametralmente opuesta. El intendente ha denunciado públicamente que el gremio utiliza métodos violentos, bloqueos ilegales a las áreas operativas y amenazas para obligar a los empleados a adherirse. Para el municipio, no se trata de una huelga legítima, sino de una serie de «delitos» que buscan extorsionar a la gestión política, afectando servicios básicos de los vecinos.
El impacto: Una ciudad a media máquina
La estrategia de Asoem para la semana entrante incluye asambleas sectoriales y «acciones gremiales sorpresa», lo que introduce un factor de incertidumbre para la administración pública. Mientras el gremio intenta consolidar su posición judicial, la municipalidad se enfrenta al desafío de garantizar los servicios mínimos en un clima de hostilidad interna.
La parálisis administrativa que se avecina pone a prueba la capacidad de mediación del Ministerio de Trabajo, que hasta ahora ha sido incapaz de acercar a las partes. En Sauce Viejo, la política ha cedido su lugar a la justicia penal, y el vecino queda como rehén de una disputa donde las palabras «persecución» y «delito» han reemplazado a la negociación paritaria.
